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¿CIRUJANO TÉCNICO O CIRUJANO HUMANISTA?

 Dr. César Novo Alonso
Valladolid

Dr. César Novo Alonso: ¿Cirujano técnico o cirujano humanista?. Seclaendosurgery.com (en linea) 2010, nº 32. Disponible en Internet. http://www.seclaendosurgery.com/index.php?option=com_content&view=article&id=78&Itemid=75. ISSN: 1698-4412


            He podido visitar recientemente la exposición que, con motivo del cincuentenario de su fallecimiento, ha organizado la Biblioteca Nacional sobre la figura y obra de Gregorio Marañón y Posadillo (1887-1960), uno de nuestros colegas más ilustres. Médico endocrinólogo de profesión (fundador de esta disciplina), aunó su labor médica con la investigación y con una ingente labor literaria, política e institucional. Su inmensa producción literaria comprende 125 libros (entre los que destacan “el Conde-Duque de Olivares o la pasión de mandar” “Antonio Pérez, el hombre el drama, la época” o su ensayo sobre “Don Juan”), unos 1800 artículos, 146 discursos, 336 conferencias y 230 prólogos, mientras que su obra médica se plasmó en 1056 artículos de investigación y 32 monografías. Sus descubrimientos acerca de las glándulas de secreción interna, la emoción, la diabetes o la biología sexual fueron reconocidos internacionalmente. De su labor institucional sobresale la fundación y dirección del Hospital del Rey, el nombramiento de Catedrático de la primera Cátedra de Endocrinología en nuestro país (1931) o el ser elegido como primer presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) (1958). Además, fue un hombre cercano a los problemas de su tiempo. Publicó múltiples artículos acerca de cuestiones sociales y políticas y fue consejero de Sanidad y de Instrucción Pública. Protagonizó el famoso viaje a las Hurdes en 1922 junto con Alfonso XIII, expedición a una de las zonas más marginales de España en aquella época y que permitió poner en marcha acciones para la prevención del hipotiroidismo congénito y endémico. Su labor política e intelectual estuvo marcada por la defensa de los principios liberales de respeto y tolerancia hacia las ideas de los demás, la comprensión como pauta de actuación  y la defensa de la libertad como valor humano esencial, en una época en la que la radicalización de las ideas iba en sentido diametralmente opuesto. En resumen, se le considera el prototipo del médico humanista, síntesis integradora de labor médica, científica intelectual y social. No quiero extender más este pequeño epítome. Para el lector interesado en ampliar datos acerca de la vida y obra de Gregorio Marañón remito a las excelentes biografías de Cornide Ferrant, V.I. Franco, Izquierdo Fernández o P. Laín Entralgo o bien consultar el catálogo de la citada exposición.
Pero el repaso a la figura de este intelectual me suscita algunas preguntas. ¿Son posibles actualmente figuras de la talla intelectual de Gregorio Marañón entre los médicos de nuestro país? ¿Cabe en el actual sistema universitario y sanitario la figura del médico humanista?
            Podría argumentarse que figuras de la talla del susodicho surgen muy de tiempo en tiempo y que también existen médicos con actividad clínica con inquietudes intelectuales e incluso literarias. Pero la cuestión que planteo no es la de una pequeña minoría sino la actitud general de los médicos de nuestro país (y muy especialmente la de muchos cirujanos) acerca de otras disciplinas que no sean la propia actividad profesional. ¿Nos estamos convirtiendo los profesionales de la medicina en meros artesanos de nuestra profesión descuidando otras actividades intelectuales o desconectados en cierto modo de la reflexión sobre los problemas de nuestro tiempo?
            Algunos datos son significativos: tan solo un 54% de los españoles lee libros, mientras que en los países del Norte de Europa las cifras rebasan el 70-80%. Cuando la estadística se aplica a universitarios encontramos que sólo un 68% de los mismos lee algún libro que no sea profesional (o lo que es lo mismo: los universitarios en España leen menos que la media europea ¡incluidos todos los niveles de estudios!) (http://www.mcu.es/libro/docs/MC/CD/HABITOS_LECTURA_2008.pdf).
            El sistema educativo español, cuyas deficiencias corroboran los resultados del Informe PISA, ha reducido a la mínima expresión el estudio de la Humanidades en los itinerarios de corte más científico. Disciplinas como la Filosofía o la Historia son relegadas a la mínima expresión, como si el aprender a pensar o el conocer nuestro pasado fueran actividades incompatibles con ser un buen cirujano o un excelente ingeniero. Me da la impresión, viendo a las jóvenes generaciones de médicos-residentes, de que indefectiblemente, nos acercamos a un profesional cada vez más preparado técnicamente, pero cada vez más desconectado de la reflexión intelectual, histórica o social, por falta de una base que debía haberse implantado con anterioridad a su llegada a un hospital. En definitiva, creo que el tipo de médico que representó Marañón, y que creó una escuela de la surgieron figuras como Grande Cobián, Laín Entralgo, Jiménez Díaz y tantos otros, no representa el paradigma de profesional sanitario que se busca en la actualidad. Quizás sea un poco retorcido por mi parte pensar que el funcionario técnicamente correcto pero de escaso recorrido fuera de lo meramente profesional, sea la tipología favorita de nuestra semianalfabeta clase política, poco dada también a veleidades intelectuales o filosóficas (¡ni que decir de las científicas!).
            Incluso dentro de lo profesional, las deficiencias que arrastran los estudiantes universitarios y los profesionales jóvenes desde la enseñanza secundaria, conlleva que la simple redacción de un informe clínico o un artículo científico resulte una complicada tarea para algunos colegas. Debo confesar que en más de una ocasión he desistido de leer alguno de estos escritos que han caído en mi mano debido a deficiencias de redacción.
            El problema se complica cuando la tecnología actual se hace cada vez más compleja. La introducción en nuestro campo de la cirugía mínimamente invasiva o más recientemente de la cirugía robótica nos va convirtiendo cada vez más a los cirujanos en una especie de Deus ex machina que tiende a alejarnos de otras actividades no relacionadas con lo meramente técnico. Ojalá se tratara de un problema meramente coyuntural, propio de los tiempos que corren. Pero mucho me temo que el proceso tiende a hacerse irreversible de forma gradual. Probablemente esa figura del médico humanista, tan querida por los estudiantes de Medicina de mi generación, tienda a desaparecer – salvo alguna honrosa excepción – sepultada por la maraña de ópticas, cámaras, robots, pincería y demás aditamentos de nuestra labor diaria. ¿Deberíamos permitírnoslo? ¿No perdemos y, a su vez, pierde la sociedad en la cual estamos inmersos y a la cual debemos servir, algo importante de progresar esta tendencia?

Dr.  César Novo Alonso
Hospital Universitario Río Hortega (Valladolid)

 

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